• Carolina Huerta

Reconstruyendo de mano a mano

Son las 6:30 de la mañana del sábado 7 de abril. Llegando a la esquina de la calle Galileo e Isaac Newton de la colonia Polanco en CDMX veo como hay mucho movimiento. Hombres y mujeres en varios autos, camionetas y un autobús de pasajeros. Con la vista busco a Guillermo Serrano, uno de los encargados de coordinar el voluntariado en la fundación “De mano a mano”. Lo veo en medio de todo esta actividad con papeles en mano para checar la asistencia de todos los que se registraron y distribuir a la gente en los lugares disponibles. En eso me acerco a preguntar por mi lugar. “¡Hola Caro! Si vente acá con ellos” me indica Guillermo, al tiempo que señala una camioneta gris con otros voluntarios y estos a su vez me saludan amablemente. Ocupo mi lugar y a la media hora la camioneta se llena. Guillermo checa que vayamos completos, cierra la puerta y arrancamos rumbo a San Lucas Colucan, un municipio de Puebla, donde al menos 33 casas resultaron con daños graves por el sismo del 19 de septiembre, según las cifras proporcionadas a la asociación civil  por medio de Manuel Madero Gonzales, presidente municipal de Izúcar de Matamoros.


Al llegar al zócalo de Colucan, los líderes de voluntarios -que usan chalecos verdes fluorescentes- empiezan a organizar a las personas que van llegando, me llama la atención que la mayor parte del voluntariado esta conformado por mujeres. Cada una trae un mapa que ubica las casas en las que aún se esta trabajando. Guillermo da brevemente la bienvenida y las primeras indicaciones: “Por favor, tomen un chaleco y guantes para que puedan empezar a trabajar. Lo que vamos a hacer es quitar la basura y el material que no se este ocupando, para usarlo en otra construcción” dice Guillermo desde lo alto de una banca del kiosko del pueblo.


Decido irme con Erika, una voluntaria que tiene asignadas las casas 19, 20, y 21. “En mi casita [casa 19] vive una viejecita de 87 años. Es una mujer sola, bueno, vive con su cuñado y su hermana pero no tiene esposo, ni hijos. En semana santa fue su cumpleaños y le traje un pastel. Al rato que terminemos se lo llevamos y estamos un ratito con ella” me comenta mientras bajamos de su camioneta para comenzar a trabajar en la casa 20 y 21. Al llegar vemos que los albañiles están en sus labores, pero se ocupan manos para quitar los bloques de cemento que ya no se están utilizando. Erika nos organiza y formamos una cadenita para ir apilando los bloques a un lado de la calle, para que en cuanto pase la camioneta pick up sea más fácil subirlos. Después de media hora, llegan más voluntarias y ayudan con la preparación del colado para terminar el piso de la casa 21.



En cuanto terminamos de mover los bloques, nos dirigimos a la casa 19, donde vive Doña Bertolda, la mujer de 87 años que me comentó Erika al principio de la jornada. Ella nos recibe con una sonrisa en la cara afuera de su humilde vivienda, misma que está a la intemperie con lo más básico: una cama donde tiene acumulada su ropa, cosas personales, una tarja y una estufa de leña afuera de su terreno. “No se hubieran molestado, miren vienen a hacer mi casa y les estoy quitando el tiempo con mis historias” nos dice la señora Bertolda después de saludarla y entregarle su pastel de cumpleaños. Mientras Erika reparte las rebanadas para festejarla, volteo a ver la casa 20 y 21 porque el voluntariado sigue trabajando y nos observa extrañado “porque no estamos haciendo nada” y en eso Erika me dice: “No es sólo reconstruir lo material. También es escuchar a la gente y reconstruir lo de aquí adentro”dice ella poniendo su mano en el lado izquierdo del pecho, señalando el corazón.



Al dar las dos de la tarde nos dirigimos al comedor, las mujeres del pueblo han cocinado para el voluntariado. Muchos vienen sudorosos, sedientos y sucios de cemento “pero bien contentos de ayudar” se escucha entre los hombres y mujeres que van llegando a la casa 13, “Esta fue una de las primeras que reconstruimos” comenta Erika cuando llegamos al patio de la casa, donde ya había mesas y gente comiendo.


En San Lucas Colucan aún hay mucho trabajo por hacer, la asociación civil “De mano a mano” pensó inicialmente en ayudar a adultos mayores, ya que de los 2395 habitantes del pueblo, 298 rebasan los 60 años de edad y sus familiares o parientes han migrado a la Ciudad de México o Estados Unidos buscando mejorar sus condiciones familiares y económicas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)


Somos casi 160 personas apoyando, hoy rompimos récord de asistencia. Somos la única fundación que ya está entregando casas, sabemos que en CDMX ya también entregaron algunas, pero somos la única que ha generado confianza y credibilidad desde el primer día porque nuestra misión es ayudar. Nos faltan más casas, apenas hoy concluimos la segunda etapa pero vamos por más, todo el apoyo y donaciones son bienvenidos” concluye Guillermo Serrano, coordinador de donativos y voluntariado de la fundación “De mano a mano”



Texto publicado originalmente en Movilización por 19S con fecha del 17 de abril de 2018 disponible en: https://movilizacionpor19s.wordpress.com/2018/04/17/reconstruyendo-de-mano-a-mano/

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